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Monopolios sobre el conocimiento y la vida

Asistí la semana pasada a la presentación del libro: “Libres de monopolios sobre el conocimiento y la vida, hacia una convergencia de movimientos”. Lo terminé de leer hace un rato.

Libres de Monopolios sobre el conocimiento y la vida

Clic en la imagen para descargar el libro


Llegué bastante tarde a la charla, así que me perdí buena parte. En lo que alcancé a escuchar, Federico Heinz y Beatriz Busaniche, de la Fundación Vía Libre, presentaron el libro, que es en realidad una memoria de un taller realizado en Costa Rica sobre esta temática. Se trata de un conjunto de artículos de personas y organizaciones participantes en el encuentro.
Intento contar brevemente de qué se trata el asunto:

La idea es hacer converger movimientos que abordan luchas que, si bien no son homogéneas, tienen puntos de contacto:

  • Los campesinos y pueblos originarios, que luchan para que no se “patenten” sus milenarios saberes tradicionales, principalmente los relacionados a sus técnicas agrícola-ganaderas, vitales para su supervivencia.
  • La lucha por la soberanía alimentaria en nuestros pueblos latinoamericanos, amenazada por intentos de “privatización de la agricultura”; especialmente semillas, vegetales, y microorganismos.
  • La lucha por una educación pública al servicio de las mayorías, especialmente lo relacionado al patentamiento de los resultados de las investigaciones de nuestras universidades.
  • La lucha por la no privatización de la cultura: copyright, “propiedad intelectual”, y otras falacias.
  • El Software Libre, y el movimiento de cultura libre que se ha generado a su alrededor

Es muy poco lo que tengo para aportar sobre el tema. Tengo mucho interés en lo relacionado al software y la cultura libre, pero sé muy poco de la parte “ecológica” de la convergencia. Sin embargo, me permito enumerar un par de ideas:

  • Me parecieron un poco inconexos los artículos del libro. Pero no veo esto como una debilidad: al contrario, entre las líneas de los artículos se lee una inmensa posibilidad de convergencia. Todavía en potencia, dependerá de nosotros llevarla a cabo.
  • También veo una sana dosis de realismo: que haya puntos de contacto entre los movimientos no significa que exista homogeneidad. Está muy claro que las organizaciones deben trabajar unidas, pero no amontonadas: cada una tiene su “especialidad”, y allí deben seguir, nomás que ahora pueden enriquecerse con experiencias de lucha diversas.
  • Siempre tuve la certeza de que el movimiento del Software Libre se extendería mucho más allá de las computadoras, pero, a mi entender, aún no lo logra. Todavía parece, para la mayoría, un asunto exclusivo de nerds y geeks. Me parece que por este lado puede llegar un verdadero aporte de la filosofía Libre para mejorar la calidad de vida de nuestros pueblos.
  • Respecto al encuentro de la semana pasada acá en Rosario, me pareció muy saludable ver reunidos en un mismo espacio a organizaciones disímiles a priori: el Taller Ecologista, el Foro por la Soberanía Alimentaria, el LUGRo, la Fundación Vía Libre, Editorial Último Recurso, Radio Universidad, y particulares, como este que escribe. Vi un sano interés en que “no quede en palabras”, intentando lograr acciones concretas a partir de la convergencia.

Para terminar, recomiendo leer el libro. Si no lo pueden leer todo, atropellen las páginas 87 a 97, que ahí están las conclusiones (por ahí se enganchan y leen lo otro). Es casi una obligación para quienes quieran enterarse de una realidad que los grandes medios silencian, y a la que nadie es ajeno: ya afecta nuestra vida cotidiana, y será cada vez más relevante en los próximos años.

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Géneros discursivos 2.0

Terminé de leer “El pibe que arruinaba las fotos”, de Hernán Casciari. No voy a hacer crítica literaria, sería el colmo de la caradurez. Si hay que decir algo, digo que me divertí mucho.
Pero aprovecho la lectura para comentarles algo. Yo sabía, antes de leer el primer renglón, que la novela era en realidad un compilado (muy bien logrado, para mi gusto) de posts de su blog, orsai. Pero enseguida me quedó claro que Casciari no es un bloguero: es un escritor que usa un blog como medio. Te puede gustar o no, pero es evidente que se parece bastante poco a otros blogs.

Y me puse a pensar si las TICs habían favorecido la aparición de nuevos géneros discursivos. Creo que los blogs han generado un nuevo modo de escribir; no sé si alcanzan la categoría de “género”. Me permito señalar algunas características:

  • brevedad: Un post largo raramente supere a un cuento o ensayo corto, incluso las noticias periodísticas suelen ser más largas que los posts.
  • enlaces: uno empieza leyendo un post, y probablemente haga clic en dos o tres de sus palabras, que a la vez son enlaces; de este modo la lectura no avanza linealmente, sino que se ramifica. Hipertexto, que le dicen.

Otro género discursivo es el de las diapositivas. Algo de esto discutimos en el blog de Sebastián. Prácticamente no hay expositor que no las use, bien o mal. Creo que las diapositivas pueden enriquecer mucho una charla, pero hay algunas cosas que me molestan:

  • Los expositores que simplemente leen las diapositivas.
  • Los expositores que se ciñen tan estrictamente a las diapositivas que empobrecen notoriamente su charla, en contenido y dinámica.
  • Los que quieren escribir todo en las diapositivas.
  • Los “clickeadores”, que pretenden dar su charla con presentaciones hechas por otro. A la cuarta diapositiva ya se les nota que no entendieron nada.
  • El hecho de que se pretenda que las diapositivas sean un resumen de lo expuesto. De ninguna manera. Es muy posible que la misma presentación que enriqueció una charla, sea perfectamente inútil fuera del contexto para la que fue creada. Si las diapositivas te permiten entender todo lo que se expuso… ¿para qué se dio la charla? Y si no… ¿para qué quiero las diapositivas? (Parece un problema menor; pero he tenido docentes que pretendieron que estudiásemos para los exámenes con diapositivas.) Si quiero hacer un resumen de una charla, lo escribo. En un procesador de texto, en un blog, en una hoja Rivadavia, donde pueda. Pero lo escribo en prosa, el mejor modo que conoce la humanidad para expresar ideas complejas. Convertirlas en una serie de ítems inconexos implica necesariamente una mutilación del pensamiento.

En fin, creo que las TIC han favorecido la aparición de nuevos géneros discursivos, y que son una buena noticia. Pero cuando se usan mal, oscurecen más que aclarar. (Digo yo, para terminar un pésimo post).

Un par de links que leí sobre el tema: [1] [2]

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De dónde sacaron mi mail

En ocasiones, puede que recibamos un correo indeseado y nos preguntemos de dónde obtuvieron nuestra dirección. Aprovecho para contar una anécdota local, pero que puede extrapolarse a problemas similares. Sirve la recomendación para estar atentos cuando dejamos nuestra dirección de email en algún formulario.

Hay en nuestra provincia un programa (“Mirada Maestra”, se llama) de descuentos para que los docentes podamos acceder a la cultura (libros, cine, artículos de librería, conciertos, etc.). Me pareció interesante, y, el año pasado, decidí inscribirme. Cuando el sitio Web de la provincia me pedía el mail, utilicé una estrategia que siempre uso con mi cuenta de Gmail, por precaución.

Supongamos que mi mail fuera juanperez@gmail.com. Entonces, en el formulario de inscripción escribí: juanpere.z@gmail.com. Gmail envía igual esos mails a mi casilla, aunque difieran en un punto. Pero yo sé que los que llegan a esa dirección “modificada” provienen del gobierno provincial. Tomé esta precaución por si el gobierno empezaba a inundar mi casilla de mails: marcaba como spam los que llegaran a la dirección “con el punto”, y listo. No fue así: recibí siempre dos o tres mails mensuales, casi siempre interesantes.

En mi provincia, los gremios docentes están en conflicto con el gobierno. En muchos de los puntos en disputa el gobierno se mostró conciliador, y se ha avanzado. Pero en uno es inflexible: no piensa otorgar aumento de salario. Por eso, días atrás los gremios consultaron a sus afiliados acerca de cuál debería ser la medida a tomar, y todo indicaba que se avecinaba una huelga, como finalmente sucedió. En medio de esta discusión, recibí un correo que proponía no hacer huelga, sino apostar a otras estrategias de diálogo con el gobierno. Hasta aquí, estaba todo perfecto: un grupo de docentes propone una idea distinta, en el marco de la democracia gremial. (ver noticia en un diario local)
¿Cuál es el problema? El mail tenía como destinatario la dirección “modificada”, que yo únicamente había utilizado para recibir comunicaciones del Ministerio. Por lo tanto, sólo hay dos alternativas:

  1. ese supuesto “grupo de docentes” obtuvo mi dirección de la base de datos del Ministerio de Educación.
  2. algún funcionario del ministerio, haciéndose pasar por un grupo de docentes, pretende influir en la decisión del gremio.

Si hubiera sucedido el supuesto 1) sería grave: esa dirección es mía, el gobierno la tiene únicamente para utilizarla con el fin autorizado por mí, no puede cederla a otras personas.
Pero, lamentablemente, me inclino a pensar que lo que ocurrió es más parecido al caso 2). Y, honestamente, me apena mucho. No me habría parecido mal si el ministerio hubiera enviado por mail su postura en la discusión, pero firmando su mensaje, en lugar de hacerse pasar por un grupo de maestros. Eso es embarrar la cancha, y feo.
Y no es la primera vez. Hace unos meses hubo elecciones legislativas, y recibí un mail que contenía una investigación sobre el turbio pasado del candidato opositor. ¿Adivinen para qué destinatario era? Sí, para la dirección “con el punto”.
Es cierto: no tengo elementos para demostrarlo fehacientemente (bien pude haberme enviado yo mismo el famoso mail). Pero al menos en mi caso, ya estoy advertido: si me engañan una vez, es culpa de ellos, pero si me engañan dos veces es culpa mía.
En las últimas elecciones a Gobernador, voté al actual mandatario, y creo que lo volvería a votar. Espero sinceramente que los hechos que menciono en este artículo sean obra de un funcionario de segundo orden, más papista que Pappo. Pero lamentablemente no puedo confiar en este gobierno como lo había hecho hasta ahora, salvo que se identifique al responsable de esta suplantación de identidad y asuma las consecuencias.
Para los lectores de otros lugares: creo que la característica de Gmail que menciono es muy interesante, y puede ser muy útil.
Para los lectores santafesinos: Ciertamente en nuestra provincia suceden cosas (buenas y malas) mucho más importantes que esta, casi anecdótica. Pero no por eso me parece menos grave. Saquen sus propias conclusiones…

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Estadísticas y otarios

No soy docente: soy un profesional que trabaja como docente. Por eso, estoy haciendo un curso de capacitación pedagógica.
En ese ámbito, pasó días atrás algo que me llamó la atención. Otro de los asistentes al curso (un ingeniero que ejerce la docencia), presentó como trabajo práctico una investigación basada en una encuesta a sus 20 alumnos. Mientras el hombre exponía su trabajo, escuché cosas como esta:
-“A la pregunta P, el 37% respondió X, el 31% respondió Y y el 32%, Z”.
La docente (una psicóloga) no se percató del error. ¿Cuántos alumnos respondieron X? El 37% de 20, es decir 7,4 estudiantes. Absurdo. Con una simple operación mental (100 dividido 20 = 5), quedaba claro que todos los porcentajes debían ser múltiplos de 5, es decir, terminar en cero o en cinco.
Obviamente no dije nada, soy otario pero no ortiba. Al terminar la clase, le pregunté al ingeniero por qué había “inventado” la encuesta, ya que no me parecía ético. Me miró con cara de ofendido. Él tampoco se había percatado de su error. Lo de la psicóloga es grave, lo del ingeniero (formado en ciencias exactas, desde luego), imperdonable.
Este ejemplo no es más que uno de los muchos que podría citar. Creo que si el sistema educativo debe formar ciudadanos críticos, la principal misión de la matemática es enseñarles a interpretar estadísticas, para que no sean engañados por políticos, mercaderes, y otros atorrantes… Parece que muy bien no vamos.
Creo que me expliqué, en todo caso este muchacho lo explica mejor. (En inglés, se puede elegir la opción de subtitular en castellano).

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