Volcán Batea Mahuida

Salimos desde Villa Pehuenia, rumbo al volcán Batea Mahuida (1900msnm). En invierno se practica esquí y otros deportes de nieve. Nos habían dicho que era una excursión a la que valía la pena dedicarle todo el día, y tenían razón.
Se llega en auto hasta el cráter, que tiene una laguna de aguas cristalinas, un lugar verdaderamente soñado. Desde ahí emprendimos la marcha hacia la cumbre. Es una caminata breve, de algo más de una hora, pero con pendientes muy pronunciadas. Desde la cima se ven los lagos Aluminé y Moquehue, más algunos otros lagos chilenos. También se ve el volcán Lanín (Arg) y los volcanes Villarrica, Llaima (entró en erupción en enero de 2009), Llonquimay, y otros dos cuyo nombre no recuerdo, en Chile. En un momento quedamos solos en la cumbre, y es una sensación difícil de describir: se hacen visibles al mismo tiempo la magnificencia del paisaje y la conciencia de la propia pequeñez.

Almorzamos en la cumbre y bajamos nuevamente al cráter. Quedaban algunos sectores con nieve, aprovechados para hacer “culipatín”. Ya en el cráter, nos tomamos unos mates con agua de la laguna. Antes de que cayera el sol, emprendimos el regreso a Villa Pehuenia.

Algunas ideas sueltas:

  • El parque es administrado por la comunidad mapuche Puel. Me pareció interesante la participación de las comunidades originarias en la actividad turística. Nadie mejor que los mapuche (“gente de la tierra”) para cuidar su Wajmapu: tienen una larguísima tradición de convivencia armónica con el resto de la naturaleza. Algunas personas se molestan porque cobran acceso, y proponen una serie de normas para mejor conservación del lugar. Los mapuche, gente pobre y sencilla, tienen la generosidad de compartir la belleza de su tierra con nosotros los huincas, y me da bronca verlos aguantando airados reclamos de tipos que, desde la ventanilla de su vehículo último modelo, pretenden negarse a pagar $6.
  • Hay muchas personas muy irrespetuosas, no sé si no se dan cuenta o no les importa, pero el daño que hacen no se repara fácilmente. Una lista no exhaustiva: familias pescando, siendo que está prohibido; gente que tira basura; gente que corta flores, o caza pequeños animalitos; camionetas 4×4 transitando por cualquier lado; y un largo etcétera. Para ser justos, también hay que decir que la mayoría de los visitantes son muy respetuosos del ambiente.
  • Muchas personas llegan al lugar y no permanecen en él más de cinco minutos. Se bajan del auto, miran y se van. Cuesta creer que no sientan la necesidad de quedarse un rato contemplando el paisaje. No soy quién para decir cómo debe disfrutarse la naturaleza, pero me llama la atención.

En resumen, pudimos visitar un punto privilegiado de nuestra geografía, bastante poco conocido y con uno de los paisajes más lindos que he visto.

Aviso a los lectores por RSS: Para ver las fotos, tienen que entrar al blog (Slideshare no aparece en los agregadores).
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